La sublevación militar en Paterna

La misma noche del viernes 17 de Julio de 1936 los rumores de un alzamiento militar del ejército del Protectorado español de Marruecos contra la República se extienden  entre la población de Paterna. Los vecinos empiezan a movilizarse y a salir a las calles expectantes ante las noticias que llegan.

El 18 de julio el General López Pinto desde la comandancia militar de Cádiz proclama el Bando de Guerra y ordena a los puestos de la Guardia Civil y Carabineros disolver los ayuntamientos y hacerse con el poder municipal, sometiendo por la fuerza cualquier oposición. A las 4 y media de la tarde el alcalde de Paterna, Ramón Dávila, convoca a los concejales en el ayuntamiento a una reunión a la que también asisten algunos directivos del sindicato cenetista para tratar sobre las medidas a tomar ante el movimiento faccioso. La reunión, con la radio presente para informarse sobre cómo se desarrollaban los acontecimientos, se prolongó hasta entrada la madrugada del domingo 19. La Asociación Campesina de la CNT por su parte, en asamblea celebrada esa noche, acuerda por unanimidad oponerse “por todos los medios a impedir un movimiento monárquico fascista”.

En Medina Sidonia el teniente de la Guardia Civil Manuel Martínez Pedré, secundó pronto el golpe de estado, siendo designado Comandante Militar de la plaza por los mandos provinciales sublevados. En la madrugada del 18 al 19 destituyó el Ayuntamiento de Medina, detuvo  a sus integrantes y declaró el estado de guerra en la ciudad.

El domingo 19 de Julio el cabo del puesto de carabineros de Paterna, Manuel Marín Hernández, se traslada a Medina con la intención de, a su vuelta, declarar el estado de guerra en Paterna.  Había sido requerido por el Comandante Militar Martínez Pedré, con el fin de darle instrucciones al respecto. Por la tarde el cabo Martín Hernández se persona en el Ayuntamiento de Paterna para hacerse cargo del gobierno municipal. La reunión fue bastante tensa ante la tenaz resistencia del alcalde y varios concejales a entregar el poder a la autoridad militar, aunque terminaron accediendo ante la amenaza del uso de la fuerza. A continuación, con ayuda del secretario Federico Villagrán, redactaría el bando de declaración del estado de guerra que fue fijado en una esquina de la calle Real.

Ante la escasez de fuerzas en Paterna y ser un pueblo con gran implantación anarcosindicalista, el lunes 20 de Julio  Martínez Pedré ordena al teniente de Carabineros, José  Reig de Deu, se traslade a Paterna con 4 guardias a comprobar la situación en el pueblo y mantener el orden. Reig de Deu llega a Paterna sobre las 9  de la noche encontrándose a la gente en la calle. Entra por la calle Real, se traslada al nuevo Ayuntamiento en construcción, donde establece la comandancia militar, y desde uno de sus balcones se dirige a los más de 800 mujeres y hombres concentrados en la plaza con el fin de calmar los ánimos e invitarlos a disolver la concentración, cosa que no lograría. 

Sin embargo el teniente Reig de Deu, que contaba con una fuerza de unos 20 guardias entre civiles y carabineros, no aplicó el bando de guerra en los extremos que pretendían las autoridades militares sublevadas y aunque había disuelto el ayuntamiento y ocupado el poder municipal,  no controlaba el pueblo. La situación era confusa, los obreros ocupaban las calles vigilando los cuarteles y la central telefónica, los bandos de guerra eran sistemáticamente arrancados de las paredes, por las noches hombres y mujeres se concentraban  en la calle Real y la Plaza para oír las emisoras gubernamentales en las radios de los bares, las paredes estaban pintadas con consignas de la CNT, no se incautaron los aparatos de radio, no se realizaron registros, ni se ordenaron detenciones de cargos municipales ni dirigentes sindicales. 

Durante 3 días este fue el ambiente en Paterna hasta que el día 23 de Julio por la noche un grupo intentó asaltar el cuartel de la Guardia Civil, contra el que hubo disparos,  y  la central de teléfonos. La telefonista llama a Medina e informa de lo que está sucediendo en Paterna.  El teniente Martínez Pedré prepara una columna de guardias civiles, falangistas y civiles y llega a Paterna a las once de la noche. Fueron recibidos a la entrada del pueblo por un grupo que desde las chumberas mantuvieron un tiroteo. Tras vencer esta frágil y momentánea resistencia, la columna entra disparando en Paterna por la calle Real hacia la plaza, donde se unirían Reig de Deu con las fuerzas a su cargo y algunos vecinos. Comenzarían entonces los registros calle por calle y casa por casa en busca de dirigentes políticos y sindicales. Las acciones de las fuerzas militares, falangistas y voluntarios duraron hasta las cuatro de la madrugada. El resultado: catorce personas fueron asesinadas.  El 24 el pueblo amaneció en silencio, la práctica totalidad de los hombres y muchas mujeres huyeron al campo. Una larga y triste noche de infame matanza que será recordada por siempre en el pueblo como “la noche de los tiros”.

Sólo sería el comienzo; en los meses siguientes se sucedieron las sacas y asesinatos, persecuciones, incautaciones de propiedades, venganzas, encarcelamientos, consejos de guerra, humillaciones, vejaciones públicas como las que sufrieron las mujeres, purgas de funcionarios, exilios, etc.

Juan F. Moreno Castro